miércoles, 15 de noviembre de 2006

erase una..... vez una feria del libro....!!!

Lo comparto con todos.....

Disculpen mis malas palabras...
Estuve ayer en la mañana en el Parque del Este haciendo unas fotos. Vi el paisaje de la feria del libro a una hora mañanera, muy mañanera, que no ayudó mucho emocionalmente a entusiasmarme. Era toda una desolación que me permitió ver desde lejos los espacios, los símbolos, los dibujitos. No voy a negar que tengo ganas de ir. Pero asistir me hace sentir partícipe del circo. Y no quiero. De modo que es otra de las cosas que debo dejar de lado si quiero sentirme lejos del hedor. Sobre todo en estos días, donde tengo que aceptar, calladita, la inclusión del 4 de febrero como fecha patria. Es decir, a mi hijo le dirán que el 4 de febrero es un día que significa «libertad». No sé con qué otras ideas acompañarán la mentira. Lo peor no es eso, porque aquí pueden hacer lo que quieran con su culo y sus ideologías; el problema no es que la mentira aparezca en los libros. El problema es que yo, que soy la mamá del carajito, no tengo los cojones necesarios para vender el último tirro y tijera, e irme anónima a quebrarme el lomo vendiendo pan japonés, limpiando baños públicos o hacer cualquier vaina menos diseñar, o intentar hacerlo. Ese es el problema. La falta de cojones. El miedo. La calle no ayuda. Yo intento ver cosas hermosas en este país y a veces las encuentro. Pero la mierda es tal, que hay que embarrarse demasiado para poder descubrirlas. La burbuja ya no es suficiente cuando la mierda llega al salón de tus hijos, a su palabra, a su información, su aprendizaje. Esto sí que es difícil de resistir. Sé que sonaré trágica para algunos, por eso este correo es limitado, no va más allá de mis afectos cercanos en inmediatos. Ni siquiera se lo he enviado a mi mamá, porque sé que le voy a quitar más horas de sueño. Con ustedes, pienso que la edad y el pensamiento son capaces de hacerlos lograr dormir. A mí, mis papás nunca me dijeron que aprendiera inglés para que me fuera de este país. Todo lo contrario, me hicieron querer este país. Nosotros le decimos a nuestro hijo que aprenda inglés para que se vaya rápido a algún lugar donde pueda elegir qué pensar, qué actuar, qué sentir. Una crianza sin arraigo. De otro modo me siento cínica. No soy capaz de decirle que es un país maravilloso donde uno puede estar toda la vida. Lo del 4 de febrero me mata... lo siento mucho, pero no puedo soportar que la mentira se imprima en libros y vaya como parte de la historia a la cabeza de mi hijo. Y yo con esta falta de cojones...Leí un texto de un amigo de la red, José Urriola, y pensé, bueno, es un poco exagerado. Pero no! estuve con mis pies y mis ojos en el Parque del Este, y sí, la bandera es tal cual... tal cual... les dejo este texto y otro de Israel Centeno... que por cierto fue comentado por Juan Carlos Chirinos, quien en la pasada Feria del Libro, quiso ser "más inteligente" que los radicales, "más abierto, open-mind, ecuánime" y prestó su libro y su nombre para una feria que no hizo sino marginarlo por su condición "apolítica". No. No se puede estar dentro de esa gente, siendo uno mismo. No se puede. Hay que ser ellos para poder "existir" en su movida. Por lo menos tiene la valentía de narrar su vergüenza después de haberla pasado para que quede clara la imposibilidad de poder SER uno mismo en medio de todo este desastre. Si no quieren, no lean. Es de su elección. Pueden borrar el correo ahora mismo. No prentendo informarlos de nada, es mera necesidad urgente de expresión, esta mañana de 4 de febreros libres. Es decir, de mentira.L.p.d. Perdonen mis malas palabras.

La Feria Rojísima del librito.
Con la participación especial de Cantinflas, como el "Che".
De las primeras cosas que uno ve, allí justo en el centro del patio, es una bandera cubana monumental, titánica. Metros y kilos de trapo colorido y brillante. Como si un gigantesco cosmonauta cubano hubiese coronado un cráter desierto después de descender de su nave (made in CCCP), y lo hubiera decretado colonia de la Isla bajo el nombre bautismal de "Mar de la cultura Revolucionaria" (así, con la c pequeñita pero con la R en altas altísimas).
La bandera venezolana no está en la feria. Debe ser que el presupuesto para la tela se les fue todo en la cubana, que al final, quién lo duda, es la más importante.
Hacia el fondo a la izquierda, por el angosto camino que lleva hacia el Pabellón Infantil, cerca de esa suerte de mausoleo poblado de gigantografías del Che, me topé con la imagen que precede a estas líneas. Y no pude evitarlo: primero, no pude evitar pensar que el tipo de la foto era realmente Cantinflas; y segundo, no pude evitar tomarle una foto.
Me pareció una metáfora contundente de la revolución rojita. De tanto manosearle el nombre al Che, de tanto que lo han mal utilizado, de tanto que le han mal leído y malinterpretado las ideas, lo acabaron convirtiendo en una caricatura de sí mismo. Ese Che Guevara tiene cada vez más de Ronald McDonald's y se parece un montón a Mario Moreno. Es un chiste de sí mismo. Y lamentablemente no es un buen chiste -como de seguro lo hubiera hecho Cantinflas-, el chiste revolucionario es malo. Es una broma de pésimo gusto que no da risa. Nada nadita. Además es un chiste acomplejado que se pone aún más bruto cuando se percata que nadie ríe. O peor aún, cuando te amenaza con que la risa es obligatoria y por decreto.
Mi padre decía, por allá en los años 70 de mi niñez, que Latinoamérica era un planeta poblado de líderes payasos; pero más peligrosos aún era esa raza que irrumpía de vez en cuando: la de los payasos líderes. "Esos son los más tristes, los más trágicos de todos los payasos, pues se han olvidado de que su único talento es el de provocar algunas risas".
Mientras tomaba la foto de Cantinflas (en su papel del Che) escuchaba de fondo musical a un individuo vestido de batola blanca, collares multicolores de santero, afro estilo Pablo Milanés 1967, con ese discurso revolucionario que tiene tanto de budismo light salpicado de retórica de ultraizquierda, ese sancocho de autoayuda cargada de reconcomio; el tipo con su micrófono a todo vatio adoctrinaba a 30 niñitos de una escuela para que corearan: "De esta mitá, pa' acá gritan José… y desta mitá pa'llá gritán Martí ¡Vamos, más juelte que no se joye: Joséeeeee Martíiiiiiii!".
Salí de la Feria bordeando una cola gigantesca de horas a pleno sol que hacían para llevarse de regalo "Los Miserables". Pensé una vez más en la inmensa ironía que ello encerraba: Esta es la cola de Los Miserables. Decidí escapar del sitio sin nada más entre manos que la foto de Chantinflas. Y entonces logré escuchar en plena fuga una última perla: "Que se esperen en su cola, que todavía no los van a empezar a regalar porque quieren que haya más público".
Oh, sí, viejito, corren tiempos de payasos líderes. Tomándose en serísimo sus propias mamarrachadas.
José Urriola


Hasta que tengamos una verdadera feria, en las librerías se compra mejor
Desde hace varios años, tantos como los del reinado de Huguito, he mantenido una posición con respecto a la feria del libro de Caracas. Desde los tiempos de Lourdes Fierro, la feria del libro de Caracas se desnaturalizó. Con ella pasa lo mismo que con "el proceso": nadie se atreve a ver y señalar con claridad en qué se convirtió. Es una feria ideológica, un evento grosero y excluyente.
No sé si, alguien guarde reservas luego de escuchar al comisario Ministro de Energía y Minas y presidente de PDVSA Rafael Ramírez, sobre la naturaleza fascista del mando que nos rige: "Al que se le olvide que estamos en medio de una revolución se lo vamos a recordar a carajazos" o "A nosotros no nos tiembla el pulso, nosotros sacamos de esta empresa a diecinueve mil quinientos enemigos de este país y estamos dispuestos a seguirlo haciendo, para garantizar que esta empresa esté alineada y corresponda al amor que nuestro pueblo le ha expresado a nuestro Presidente" ; (llámenlo fascismo de izquierda si necesitan un adjetivo, para mi es fascismo duro y puro).
No sé si todavía no se comprende que a esta clase de esperpentos que pueden aparecer en la historia de las naciones sólo se derrota con unidad de propósito, y que la unidad es, a veces, promiscua; que marchar juntos tras un objetivo común no es otra cosa que repetir la experiencia de los partisanos comunistas, la social democracia y la democracia cristiana en su lucha contra Mussolini, o hacer, lo que en un acto de madurez política, hizo la voluntad del electorado francés para detener el avance de la ultraderecha nacionalista de Le Pen, unirse. No sé si alguien deshoje la margarita sobre el tipo de gestión que Farruco Sesto y sus comisarios han venido ejecutando; no sé si alguien relacione las palabras del Comisario de Energía y minas y presidente de PDVSA, con las que se dicen desde hace tiempo en el buró de "La revolución cultural". No sé si hay quienes continúen creyendo que hay espacios que defender y no comprendan que el asunto radica más bien en cambiar esos espacios y que ahora, en esta Feria del Libro de noviembre, no se estará rindiendo homenaje a Cuba, a su pueblo y a su literatura, sino al tirano que persiguió, encarceló y despachó al exilio a lo mejor de las letras de cubana; una feria dedicada a Cuba sin Reinaldo Arenas o sin Guillermo Cabrera Infante y con poetas tras las rejas, es obscena.
Actitudes y principios deberían prevalecer sobre la publicación, el reconocimiento en la pasarela de una verbena fascista y la promoción del comisariato de Hugo Rey. Sólo me queda cerrar esta reflexión pensando que, a pesar de todo, tendremos el coraje, pues decimos y alardeamos que inteligencia sobra, para rendir homenaje a la literatura cubana y a Cuba, condenando a quien, persiguiéndola, excluyéndola, encarcelándola y exiliándola, la ha reducido, por capricho de una voluntad tiránica, a su mínima expresión.Compren libros en las librerías, hay muchas y están bien nutridas; compren libros en espacios cada vez más diversos, en contraposición con lo que nos ofrece la burocracia fascista que ha escogido, solo por amor, que debemos leer el diario del Che y rendirle tributo a su valor literario, como si se tratara de los diarios de Thomas Mann. En las librerías encontrarán todos los libros que les venga en ganas; incluso el diario del Che, sin necesidad de chocar talones y de gritar: ¡Mande usted comandante en jefe!
Israel Centeno

4 comentarios:

Eduardo dijo...

Reir para no llorar... así fue mi visita a la feria del libro. Roja rojita... Ridícula ridiculita. Sin la presencia de grandes editoriales como Paidós o Alianza, o de novedades como Tocando Fuego, o del último libro de Elías Pino Iturrieta. Nunca fue nuesta feria una feria de mucha altura, pero esta da tristeza. Rio para no llorar.
En fin....
Lo único que se salva es la elección del lugar y la disposición de los stands. Tambien que sea gratuita se agradece. En las ferias de la 4ta daba mucha arrechera pagar por tan poco. Cuánto me gustaría ir a la Feria de Guadalajara.
En fin, rio para no llorar..

rafael guillen dijo...

gracias eduardo por tu comentario...

Mil Orillas dijo...

Me escandaliza, me llena de desazón, barre mis esperanzas que, aunque enanas, las tenía, me abre un hueco inmenso en el alma, me eriza la piel, me baja, me tumba, me agacha...Quiero pensar que es un mal sueño. Aún eres libre en tu casa, abrirle los ojos al niño, aclararle las mentiras...Siento tanto todo que me quedo sin palabras, sin consuelo. Abrazo inmenso desde Madrid.

rafael guillen dijo...

gracias por escribirme mil orillas no me gusta postear politica pero este tema me interesa....
saludos